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¨Tuve que aprender¨

 

Más allá del encanto, de lo que brilla y reluce,

de tanto perder, mi alma en el  fuego se induce.

De lágrimas caídas, broto mi sonrisa sincera,

pues en cada caída, halle la fuerza verdadera.

 

Conozco el suelo, lo abrazo con el alma,

mientras miro al cielo, respiro con calma.

Toque el fondo tantas veces, me perdí en la pena,

más sé que mañana el sol siempre suena.

 

Me asombré del ser humano, un laberinto profundo,

aprendí a ser yo misma, en este vasto mundo.

La soledad fue maestra, me enseño a escuchar,

que soy mi mejor compañía, en cada despertar.

 

Intente ayudar sin medida, con el corazón abierto,

más aprendí que en la vida, pedir ayuda es un puerto.

Busque la perfección en cada acción y paso,

y comprendí que lo imperfecto es un hermoso lazo.

 

Hago lo que debo, en mi camino sincero,

los demás que hagan lo que quieran, no hay prisionero.

He visto perros correr sin rumbo ni razón,

y aprendí a ser tortuga, a saborear la ocasión.

 

Nada es seguro en esta danza de vida,

solo la muerte espera, en su sombra escondida.

Por eso disfruto cada instante, cada suspiro de aire,

y aprecio lo que tengo, como un tesoro en el baile.

 

Nadie me pertenece, son almas pasajeras,

quien realmente me ama, lo demuestra sin barreras.

La verdadera amistad es un hallazgo divino,

pero no es fácil encontrar en este triste camino.

 

Quien te ama te abraza, sin necesidad de ruego,

ser fiel es un placer cuando el amor es fuego.

La vida es bella en su vaivén y su canto,

sabores y sinsabores son parte del encanto.

 

Aprendí a vivir con cada detalle del día,

he tropezado con errores que forjan mi guía.

No vivo atada a sombras de un pasado amargo,

pues hay heridas que sanan con un amor claro.

 

Las cicatrices son huellas que nunca se borran,

pero siempre hay personas que en el alma se atesoran.

Camina de la mano de Dios por el sendero,

y veras que todo mejora, como un verso sincero.

 

No te esfuerces tanto; lo bello llega sin aviso,

Las mejores cosas de la vida son un dulce hechizo.

No las busques afanosamente; ellas vendrán sin temor,

Lo mejor está por venir, abraza el nuevo clamor.

 

Con el corazón abierto,

celebrando cada paso en este viaje incierto.

Tuve que aprender de la vida y su danza,

y hoy vivo en el presente, con fe y esperanza.

Elizabeth de la Caridad.

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